El origen de la colaboración el desafío compartido entre México y España
En un contexto de aridez con alta escasez de agua, un grupo de investigadores del Centro de Investigaciones Biológicas del Noroeste S.C. (CIBNOR, La Paz, B.C.S., México) ha estado trabajando desde hace más de una década al desarrollo de un modelo de acuaponía, considerando en prioridad su eficiencia hídrica, sostenibilidad ecológica y adaptabilidad social (bajo costo y facilidad de operación), para su transferencia a poblaciones altamente marginalizadas del país. No solo han logrado validar un diseño desacoplado, con un sistema de recirculación acuícola para el cultivo de tilapia (Oreochromis niloticus) y sistemas hidropónicos en técnica de película nutritiva, Kratky y de sustrato, para el cultivo de una selección de más de 30 especies vegetales resistentes al clima local. También han hecho participes comunidades, mayormente infantiles, con altos índices de pobreza y de carencia por acceso a la alimentación, en un proceso de acompañamiento y capacitación técnica para la apropiación social del sistema acuapónico. Proyectos del CIBNOR, y más recientemente de la Universidad Autónoma de Nayarit (UAN, Tepic, Nay.), han permitido brindar seguridad alimentaria en varios comedores comunitarios y escuelas públicas de Baja California Sur, extendiéndose a Nayarit, con transferencia social de este modelo acuapónico, auto-producción comunitaria de alimentos y su consumo por niñas y niños (Boglino et al., 2025; Magallón et al., 2026).

La acuaponía es un modelo innovador que integra un doble sistema de cultivos: la acuicultura (cultivo de peces, crustáceos u otros organismos acuáticos) y la hidroponía (cultivo de plantas sin suelo), donde el agua con los efluentes generados por los peces recircula, es filtrada por microorganismos benéficos y es reaprovechada como fuente de nutrientes para las plantas, las cuales contribuyen simultáneamente a mejorar la calidad del agua. Además de producir alimentos frescos y nutritivos, este sistema puede ahorrar hasta un 90% de agua en comparación a la agricultura tradicional, según Rakocy (1989), presenta una alta productividad de alimentos libres de pesticidas y agroquímicos y se puede instalar en espacios reducidos. Se reconoce como un modelo altamente sostenible de producción de alimentos, para brindar seguridad alimentaria en zonas áridas, hiperurbanizadas, sin tierras cultivables o con suelos contaminados, conforme a los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la FAO (2023).